Algo más sobre Fernando Savater, como educador
La figura intelectual, sencilla, confiable y abierta del pensador español Fernando Savater adquiere hoy, como nunca, una gran valía, puesto que proporciona un ejemplo de entereza intelectual y solidez de pensamiento, que nunca se anquilosa y que siempre proporciona a quien le atiende una invitación a asumir la responsabilidad de pensarlo todo con sensatez, pluralidad y tolerancia.
Nihilismo activo
La propuesta filosófica de Savater se nutre de Nietzsche, Cioran y Epicuro; célebres negadores y de lo establecido y promulgadores de un abrazo a lo vital en todas sus manifestaciones, sin cortapisas y sin menoscabo alguno. Pero no es simplemente un arrojo voluntarioso el suyo, puesto que tras es te afán se manifiesta un respeto incorruptible por la libertad de pensamiento y de subjetividad para todos los humanos: la realidad no ha de pensarse necesariamente de una sola manera, y por defender esta circunstancia Savater ha cultivado un nihilismo activo, que siembra duda, cuestionamiento y escepticismo donde la reflexión se enferma en dogmatismos y fundamentalismos perniciosos; pero también erigiendo soportes de pensamiento, valores y límites, prácticos, y contingentes por cierto, donde los discursos se tornan de libres a libertinos, dando cabida a la violencia, y a la sinrazón – en el fondo la auténtica fuente de todo mal.
La tarea del héroe: educarse
Allende su emotiva alternativa ética, la dedicada a su hijo Amador; queremos aquí destacar el valor que le ha otorgado Savater a la libre lectura, como una fuente de estimulación al aprendizaje particular de todas las personas, ensanchando sus horizontes de experiencia, brindándoles la oportunidad de vivir, experimentar y conocer acerca del mundo y de sus sombras, de sus héroes y de sus, más interesantes, antihéroes, que en discreción y sin hipocresías libran batallas de reflexión en el que el destino del mundo, la humanidad se juega su sino y el alcance cabal de todas sus posibilidades de ser.
Despierta y lee, dice Savater, y en efecto, sólo aquel que se aventura por tener de nuevo la infancia recuperada, es capaz de re-conocerse en lo mudable de todo ámbito de existencia, de la inextinguible voluntad (Schopenhauer) de cambio que acompaña al la inherente y tenaz persistencia de cada ser (Spinoza). Y así, aún cuando parezca que todo está clausurado, no lo estará, porque nada está estructurado de forma definitiva, y ningún discurso que afirme lo anterior puede ir más allá de ser pronunciado, y sólo eso. La vida en cambio, allí está, y la literatura es un testimonio de ello, la muerte tendrá que esperar siempre, por lo menos, una página más. Y tan sólo eso, puede serlo todo.
Aprender es ser más.
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