educación general: Juan José Arreola: el arte de saber y educar (II)
Proseguimos comentando acerca de las brillantes perspectivas del inolvidable intelectual y maestro mexicano Juan José Arreola con respecto a la formación cultural de las personas y además en lo tocante a los problemas y desafíos de la enseñanza.
La vocación del estudiante
Arreola considera que los estudiantes enfocados a carreras científicas o tecnológicas, paradójicamente, son más “revolucionarios” que los que se ocupan de las polémicas ciencias del espíritu, porque los primeros se abocan a la transformación inmediata de objetos manipulables dentro de un ámbito mensurable y predecible; mientras que los segundos, los estudiantes de las humanidades, por su parte, no hacen sino extraviarse en universos fantasmales de errantes concepciones abstractas, que entreverán sin límite alguno en bizantinos debates, y, en última instancia, sin llegar a modificar nunca nada concreto.
Además, Arreola percibe que la auténtica vocación de los estudiantes es aquella que les obliga a dar todo de sí por cumplirla. Y así, el afamado literato jalisciense distingue tres tipos de vocación: la genial, a la que simplemente basta ser despertada por un simple acontecimiento fortuito o accidental, para llegar a dar frutos gloriosos; la vocación parcial o titubeante, que precisa de una orientación personalizada para enfocarse de lleno a cierta disciplina; y también, la vocación falsa, que sería la tendencia de quienes se dedican a cierta carrera que no satisface en lo más mínimo sus expectativas personales. En última instancia, Arreola piensa que existen seres que no logran reunir el suficiente arrojo para abrazar aquello que más les satisface, y que la auténtica vocación de un estudiante estaría más relacionada con aquello que nos encamina a realizar determinada actividad y que de no poder hacerlo, no tendría sentido seguir existiendo.
La misión de la Universidad
Finalmente, comentaremos el parecer de Juan José Arreola con referencia a su visión del estudiante universitario: para él, la universidad se estructura con el afán de posibilitar una clase nueva de humanidad; para poder creer verdaderamente en el hombre. Para ello, sólo basta pensar en próceres de lo humano tan preclaros como algunos personajes del Renacimiento. Y aunque parezca ya prácticamente imposible alcanzar tales cotas de excelencia y maestría universal, sería por demás un craso error renunciar a ellas por entero. En este preciso sentido Arreola coincide con Bernardo de Chartres, quien afirmaba que aún un enano subido a los hombros de un gigante, contempla más que el gigante mismo.







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