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Juan José Arreola: el arte de saber y de educar (I)

En muy contadas oportunidades se ha presentado la ocasión de que una mente tan culta, certera y abierta como la del escritor mexicano Juan José Arreola, célebre figura de las letras hispanoamericanas, abordará temáticas educativas de una manera tan valiosa como propositiva. He aquí algunas de sus consideraciones acerca del invaluable arte de saber y educar.

Cultura y humanidad

Para Arreola el espíritu humano deja su impronta en numerosas ocasiones por medio de la razón, pero en las veces más destacadas lo consigue aun a pesar de ella misma: no tiene así entonces relevancia que un artista sepa de ciencia, ni que un científico conozca de arte, puesto que en primera instancia el científico tiene una intuición, tal y como le sucede al artista, y, posteriormente, analiza científicamente la trayectoria que lo condujo al resultado obtenido.

También, el autor de “Confabulario” considera que la existencia humana no colma el caudal de fantasía de los hombres, sino que más bien motiva en ella diversas corrientes de invenciones que, desde cierta distancia, interpretan o modifican la creación divina. Y así, habiendo ya satisfecho las necesidades inherentes a su condición animal, el humano percibe una sensación de vacío insatisfecho que lo inducen a concebir toda suerte de actividades y de ideas para solventar ese deseo. Éstas van desde las acciones lúdicas más básicas hasta los logros más elevados de la historia cultural de la civilización.

Toda enseñanza es una glosa

Juan José Arreola considera que toda proclamación de originalidad en el ámbito de las ideas es por demás relativa, con referencia a la forma de las concepciones y aun también considerando los contenidos. A juicio de este estudioso mexicano, lo más relevante es poder brindar a los tópicos más generales la influencia de la persona que los interpreta. Y es que ciertamente todos los humanos que han existido han podido experimentar el movimiento único de lo real, pero también ha sentido la necesidad de expresar, de acuerdo al punto de vista de su ser, su propia lectura acerca de tal experiencia.

Y así, Arreola reflexiona que valen para la formación cultural de los hombres tanto las más elevadas obras filosóficas como las más populares novelas policiacas. Porque a final de cuentas, lo capital es que la persona aumente sus facultades para percibir el misterio profundo del mundo, que a la postre motivará la marcha de su propio pensamiento.

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